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Aguaire
Aguaire es el nombre de una barca de pesca.
Otro es pescador y vive en la tierra.
Uno es un besugo pequeño y vive en el mar.
Aguaire es su historia.

Un día Otro encontró a Uno enganchado en su anzuelo,
Y en vez de llevárselo a casa y comérselo, Otro se quedó enganchado a los ojos de Uno.
Se miraron y se hicieron muy amigos.

Pero los habitantes de la tierra y del mar no aceptaban esta amistad: “es imposible que se quieran porque pertenecen a mundos diferentes”, “no podemos permitirlo”, “están locos” decían... gritaban...repetían...
...Así consiguieron que Uno y Otro se separaran... Pasó el tiempo, pasaron muchas cosas y pasó algo de vida.

Cambiaron de aires y de mares. Los peces y la gente cambiaba pero... Otro y Uno no se olvidaban.
Así que decidieron buscarse. Y encontrarse. A ellos no les importa ser distintos:
Que uno necesite agua para respirar y otro no pueda respirar más que el aire. Que uno tenga piernas y otro no.

Con aletas y escamas, pero sin piel ni pelo.
Con aire y sin agua. Con agua y sin aire.
Hablan y se escuchan. Y los dos, con ojos para mirarse.

La vieja durmiente
Un día Vieja se perdió......Y tenía tan mala memoria que nunca supo volver a su lugar de origen. Caminó y caminó y siempre estaba perdida.

Un día, se sentó sobre una roca y observó......Esa podría ser su casa.

Estaba muy cansada y buscaba un lugar para dejar de andar definitivamente. -Dormir, sin príncipe que venga a despertarte-.

En el interior de la roca vivía un ser pequeño. Se llamaba Bau y nunca había salido de aquel lugar. Cuando se descubrieron, no sabían que pensar el uno del otro. Primero se vigilaban con recelo y luego con curiosidad.

Una noche Vieja comenzó a contar historias, medias historias, mezcladas, casi olvidadas... Él se fue acercando poco a poco y se quedó dormido entre su largo pelo.

Desde ese momento ya no se separaron. Las historias de Vieja hacían que Bau deseara un mundo más grande. La presencia de Bau hacia que Vieja disfrutara el momento más pequeño. Pero cada uno debía seguir su camino:

Vieja se quedó dormida y Bau se fue.... Pero antes de marcharse la besó, como los príncipes de los cuentos......

La voz se me hace agua
¡Cuidado! ¡Agua va!

Con este espectáculo no queremos aguar la fiesta a nadie y tampoco vamos a dejarte seco.

Para que te hagas una idea, te vamos a contar que estamos con la tierra al cuello y que no podemos quedarnos entre dos aguas.

Vamos a poner agua de por medio. Vamos a ponerla en medio.

Vamos a hablarte del agua y la voz se me hace agua solo de pensarlo.

Recogeremos aguas de ríos y de mares, de lagos, aguas profundas y superficiales. No entraremos en aguas jurisdiccionales. Contaremos historias normales para aguas corrientes o cuentos corrientes para gente normal. Correremos torrente abajo. Y te dejaremos helado cuando la temperatura nos obligue.
Queremos que veas salir el agua de las piedras sin dar un palo al agua. Vamos a bailarte el agua para que te sientas como pez en el agua. Vamos a pensar agua, vamos a hablar agua.

No digas de este espectáculo no beberé....déjalo correr.

Creo que ha quedado claro, como el agua.

Soy solo
Cuando cierran una puerta y nos dejan solos, el primer sentimiento que nos asalta seguramente es el miedo, la tristeza por el abandono..., pero cuando superamos este momento y reconocemos la existencia de la soledad, podemos comenzar a jugar con ella, a llenarla de pensamientos y acciones personales e íntimas. Y llegar a entender que la soledad no es un lugar vacío. Hay ausencia de personas, pero es nuestro momento más presente…

Soy Solo es la evolución de esa idea. Ponemos a la soledad en un primer plano. Como eje conductor del espectáculo. Pero damos una vuelta de tuerca más añadimos la magia como un nuevo reto para fundir un nuevo lenguaje a los más puramente teatrales.

Texto, cuerpo, voz y magia.

Cómeme Cruda

Zapatos

Bailando sin zapatos
¿Y si mañana alguien te dijera que debes encargarte del mundo?
¿Podrías decir: no gracias…? ¿Cómo se hace?... ¿Y si no sé?...
Esto es lo que le ocurre al personaje de nuestra historia.
Ella, una mujer decidida, divertida, inconsciente, valiente y muchas veces incongruente… intenta de la mejor (aunque torpe) forma que sabe o imagina, hacerse cargo de la misión que le han encomendado: encargarse del mundo.
Su mejor amiga le dio estas dos recomendaciones para poder realizar tan arduo trabajo, antes de desaparecer. Le dijo:
“Uno: observa bien las cosas más pequeñas y dos: quítate de vez en cuando los zapatos, sobre todo cuando estés triste o cuando no sepas que hacer”
¿Podrá llevar a cabo esta difícil tarea?
¿Entenderá que debe encargarse (pero sin cargarse) de ese mundo que le rodea?
¿Y si lo necesitara… estarías dispuesta/o a ayudarla?